EL CONCEPTO DE “VERDAD”


EL CONCEPTO DE VERDAD

Es evidente que no existe un concepto unitario de verdad y que uno de los grandes problemas a resolver por todo sistema filosófico es su configuración de la misma. Resulta obvio que tienen poco, entre sí, de común la definición de “la verdad” que hacen las concepciones filosóficas absolutistas, liberales, hegelianas, kantianas, marxistas o neopositivistas, por citar algunas. O, en otro ámbito, las que proponen los cristianos, los budistas, los musulmanes o los animistas. Constatado lo anterior resulta que, además, para hacer posible la convivencia social, no se puede acoger, primeramente, un concepto de verdad real y objetiva como un absolutum, pues ello va a significar que no se podría transmitir públicamente casi ninguna información y que, en segundo lugar, no se puede recurrir a la verdad subjetiva, pues ello implicaría la eliminación de la convivencia social, simplemente porque entre dos personas que mantuvieran afirmaciones o pareceres discordantes, una debería estar mintiendo. Para evitar ambos extremos, se habrá de aceptar que verdadero es aquel dato que resulta objetivamente demostrable por personas con diferentes criterios.

Pero hay otra vía, tal vez más interesante, para intentar “enjaular” el concepto de la verdad. Consiste en efectuar un análisis sobre el comportamiento objetivo de la persona difusora de la noticia y, dentro de su proceder, investigar si, en mayor o menor medida, ha actuado despreciando la posibilidad, cercana o lejana, de que lo publicitado resultara falso o inveraz. Ya en este punto, entenderemos que el “desprecio a la verdad”, como concepto clave, viene configurado como una actitud mental voluntariamente elegida y mantenida a lo largo de cierto espacio de tiempo que trasciende externamente más allá del sujeto que la efectúa y que puede ser objeto de comprobación y valoración. El desprecio a la verdad, en síntesis, consiste en una actitud de voluntario rechazo a un análisis comparativo entre lo expresado y sostenido con los datos recibidos y la realidad observada o captada o que cualquiera debiera haber observado o captado.

La verdad consiste, así, en el resultado eficaz que se obtiene al alcanzar un grado aceptable de concordancias entre los pensamientos, las ideas, las concepciones o conclusiones y los datos objetivos que la realidad proporciona o de los que, por criterio racional, común o lógico se deben deducir. En otros términos; la certidumbre, la veracidad es la cualidad de un dato adquirido sin que medie una actitud limitativa de la comprobación de su realidad. La veracidad no se identifica, ahora, con la objetividad ni con la propia realidad; ello significaría, además, limitar la comunicación entre los humanos a la estricta difusión de aquellos hechos que hayan sido plena y exactamente demostrados.

Veracidad, desde esta óptica, es la validez del resultado del análisis comparativo entre lo apreciado y lo divulgado, siempre que se efectúe desde una óptica que no implique una predisposición incardinable en un menosprecio de la verdad; ello implica que pueda haber dos análisis igualmente válidos, y, por lo tanto, dos verdades. De hecho, en el caso de falsedad o inveracidad, nadie inteligente priva de total validez a la información falsa, ante todo si dicha información ha sido contrastada con datos objetivos y medió algún grado de diligencia que, al final, ha resultado insuficiente. Esta vía resulta ser, en principio, válida para el análisis y, ante todo, para la valoración, de la veracidad de los conceptos, expresados por una persona.

En conclusión la verdad consistiría en una actitud personal que no implique menosprecio de la veracidad de lo difundido. Y, consecuentemente, quien diga algo sin haber querido comprobar su veracidad, puede mentir; incluso aunque el hecho sea cierto, porque su difusor es un falsario que, despreciando la veracidad, no nos asegura la validez de su realidad…

Ramón Maciá Gómez

Magistrado Jubilado

ramonmacia@ramonmacia.com

www.ramonmacia.com

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